Era un muchacho
completo, no lejos de ser normal,
compaginaba las
clases con estudios de alemán,
tres horas a la
semana eran cosa habitual
y estudiaba en
exámenes incluso con cierto afán.
Llegó a la
universidad de forma no tan holgada,
él quería ser
médico, en todo caso ingeniero
pero su
brillante carrera de pronto se vio truncada
y en Relaciones
Laborales entró siendo el primero.
Bienvenidos al
relato de esta metamorfosis
que de forma
recurrente ocurre entre nosotros
se contagia
velozmente como la tuberculosis
y te convierte
en un cerdo u otro animal, como un oso.
Las clases de
alemán, aun dejándolas de lado
le permitieron
ligarse a una Erasmus alemana.
Pero no era el
amor lo que lo había motivado
sino que por un
tiempo dejaría de zurrarse la badana.
Quedaba con los
colegas, en el piso de cualquiera
con patatas en
la mesa y en la mano una cerveza
discotecas por
la noche y alcohol de forma más seria
y amanecía en
casa ajena y sin pelo en la cabeza.
La fiesta empezó
aquel día en la puerta de algún bar
la única
pregunta: ¿cómo pasarlo bien juntos?
Desfase con los
amigos y más droga que agua en el mar
la cuestión al
día siguiente: ¿Cómo vuelvo yo de Burgos?
No parecía
tener muchos planes de futuro
Las carreras
son así, duran diez o doce años
Realmente puede
que no necesitase apuro,
pues su máxima
aspiración iba a ser estar en paro.
El joven Joaquín
creció y se convirtió en Quino, el fiestas.
Así es como
ocurrió, y esto es lo que concluyo:
Se produjo lo
contrario al proceso natural
pues en esta
ocasión, amigos, de una flor salió un capullo.
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