sábado, 25 de enero de 2014

El hombre micológico

Alguna vez te has preguntado por qué no comer setas
Si hay gente que las toma no deberían ser tan malas
pues corre, que nos vamos, haz rápido las maletas
y emprendemos un viaje con el fin de encontrarlas.

No te sorprendas si de repente sientes como que flotas
o si te haces amigo de un árbol rubio y de ojos azules
si en lugar de mi cabeza ahora ves una pelota
o si de repente los políticos no fuesen unos gandules.

No puede ser real, pero te lo pasas bien
Suceden cosas que dudo que siquiera imaginaras
oyendo hablar a una piedra y viendo la hierba crecer
tanto que cobra vida y va y te arranca la cara.

Menos mal que vino tu amigo el unicornio
y te salvó del ataque haciendo a la hierba cosquillas
se fue volando a través de la constelación de capricornio
y a ti te dejo seguir las baldosas amarillas

Saluda al espantapájaros, di adiós al hombre de lata
nunca olvides visitar al espíritu del río
donde ahora sólo fluye helado de fresa y nata
pero ten cuidado, abrígate, no sea que cojas frío.

Y si al final te sienta mal y no disfrutas su efecto
mañana tomamos más, es cuestión de acostumbrarse
y si tu nivel de amigos no es, digamos, perfecto
no existe otra forma efectiva de integrarse.

Y cuando despiertes mañana, si es que llegas a hacerlo
búscate la vida y acude corriendo al médico
no lo dudes, yo no estaré allí para verlo

ciertamente un espectáculo decadente y hasta patético.

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